Reseñar El abismo es particularmente complicado, habida cuenta de las muchas casi
todas relevantes líneas que confluyen en su urdimbre argumental. Lo
intentaré: un submarino nuclear encalla misteriosamente en abismales profundidades
oceánicas. Una troupe de perforadores petroleros, cuya base está plantada cerca
del lugar del hecho, es convocada para reflotarlo. Como nada saben de cuestiones
militares, una troupe muy otra los famosos Navy Seals de la marina yanqui es
enviada para supervisar la operación. Primera línea de conflicto: la paranoica necedad
de los marines, encarnada por el teniente Coffey (Michael Biehn), contra el
sentido práctico del perforador en jefe, Bud, magistralmente interpretado por Ed Harris.
Por cierto que el calibre del
enfrentamiento crecerá en la medida en que las discusiones involucren la vida y la muerte
de todos los presentes, con lo que la sangre llegará al río (o más concretamente, al
mar). En tanto, la mismísima ex de Bud (Mary Elizabeth Mastrantonio, muy
sugestiva como "a su pesar") es la pata cienfífica de la expedición. Y
chocará con las restantes. En adelante la tensión que aquí es presión
corre por cuenta de elementos más o menos esperables: la propia masa de agua (presión
atmosférica), la aparición de un huracán que los condena a todos a una exasperante
cuarentena en las profundidades (presión temporal), etc. Pero hay una veta misteriosa que
se va insinuando lenta, suavemente. El que mueve los hilos es nada menos que James Titanic
Cameron, y acá lo hace de maravillas. El efecto claustrofobia está
magníficamente logrado la unidad espacial es monolítica, las escenas de
asfixia están llamadas a dejar al público boqueando y en los efectos especiales puede
descubrirse el exitoso ensayo general del siguiente film del canadiense, Terminator 2.
El abismo también da la
nota por su vertiente extraterrestre: ciertas criaturas de inquietantes rasgos harán su
aparición a la debida hora. Hubo quienes opinaron que el ya opíparo menú del film
podría haber prescindido de un agregado como este. Pero no es menos cierto que lo
aprovecha para retratar a los extraterrestres con un trazo polémico, decididamente audaz,
en el que los efectos especiales, acaso por vez primera, se ponen al servicio de voces
poéticas y pasos de ballet.
Guillermo Ravaschino
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