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BETTY FISHER
(Betty Fisher Et Autres Histoires)

Francia, 2001


Dirigida por Claude Miller, con Sandrine Kiberlain, Nicole Garcia, Mathilde Seigner, Luck Mervil, Edouard Baer, Stéphane Freiss
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LA VERDAD DE LOS HOMBRES
(La Vérité Si Je Mens 2)

Francia, 2001


Dirigida por Thomas Gilou, con Richard Anconina, José García, Bruno Solo, Gad Elmaleh, Gilbert Melki, Daniel Prévost, Aure Atika
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Dos películas francesas estrenadas simultáneamente –un melodrama y una comedia– abordan cuestiones de género como tema central.

En Betty Fisher, el personaje homónimo (Sandrine Kiberlain) es una exitosa escritora, madre joven sin marido, que en su niñez sufrió los castigos físicos a los que la sometía su madre, desequilibrada mentalmente a causa de una enfermedad en la sangre. Y de la sangre se ocupa justamente este film, o más precisamente aun, de las distintas figuras que adopta la maternidad. La muerte súbita de su hijo sume a Betty en una depresión aguda, de la que su madre –cuyos problemas mentales le impiden discriminar los límites– intenta rescatarla entregándole un niño que ha robado en un barrio obrero. La realidad de este chico no es muy distinta de la que imagina su abuela putativa: la madre biológica, trabajadora en un medio social donde la vida no es tan fácil como la de Betty, se ocupaba muy poco de él, y su falta no la afligirá demasiado; era un hijo no deseado, una presencia molesta. El nuevo hijo tiene el mismo nombre que el hijo muerto, y su condición de niño castigado facilitará que tanto Betty como él acepten muy pronto las nuevas circunstancias. El film está basado en una novela de Ruth Rendell, quien ya había inspirado otros melodramas combinados con el thriller: La ceremonia, de Claude Chabrol, y Carne trémula, de Pedro Almodóvar.

Claude Miller, colaborador de Truffaut y Godard, indaga en su cine sobre las complejas estructuras psicológicas, y sus observaciones suelen estar vinculadas con las relaciones sociales y el encuentro de clases y los juegos de poder, como sucedía en Accompagnatrice, film que aquí se conoció como Preludio para un amor. Los niños son habituales personajes de sus films, y en Clase de nieve había abordado el tema de los hijos abusados. Su actitud hacia ellos no pasa por la ternura o el sentimentalismo sino que su mirada es fría y distante, no diferente de la que reciben los adultos. Aquí el mensaje social es sumamente conservador: la madre (que ocasionalmente trafica con su cuerpo) maltrata a su hijo y es capaz de venderlo a una burguesa que le brinda todo su amor y la comodidad de las propiedades. Miller cuenta con el peso de dos actrices enormes: las premiadas Nicole Garcia (excelente madre insoportable, excesiva y mentalmente inestable) y Sandrine Kiberlain, también una actriz notable, dueña de un variado registro para expresar una emocionalidad cambiante, que va de la fragilidad a la determinación. El director hace un particular uso del corte, parece no importarle tanto la continuidad como el golpe de efecto, el vínculo entre las varias historias que se entrelazan y el impacto en el espectador.

Betty Fisher transcurre en los alrededores de París. En el centro, y en el corazón de la comunidad sefardí, transcurren otras historias.

La verdad de los hombres es la traducción local para La Vérité Si Je Mens 2, secuela de una comedia exitosa, y viene precedida del mismo suceso de su primera parte. En este caso también se abordan los temas de género, aunque aquí se dan todos por el lado del machismo. Comedia de enredos entre un grupo de amigos que parecen competir por la viveza masculina, el film peca de sobreabundancia: de estereotipos, de chistes y –entre estos– de los que apuestan a la aprobación fácil de los varones. Hay un playboy, hay un primo pobre pero simpático (desopilante José García), un futuro suegro millonario-pero-idiota al que engañar, un gerente de una cadena de supermercados inescrupuloso y voraz, el marido infiel arrepentido y el padre de familia y empresario honesto al que han estafado y busca desquitarse. ¿Y las mujeres? En casa, como corresponde, teniendo hijos y preparando la comida. Todo lo que Miller exploraba en la psicología femenina –las distintas maneras de asumir la maternidad, la crueldad, la culpa, la complicidad, la herencia, la locura– encuentra en esta película su contracara: una galería de personajes masculinos dibujados con trazo grueso y burdo, y un diccionario de lugares comunes sólo apto para machistas en medio de enredos, trampas, mentiras y color local.

Pero, volviendo a Miller, su pintura de la psicología de los hombres no es tan sutil como la femenina. Relacionadas con la de Betty Fisher se tejen otras historias, como lo indica el título original. Y ellas tienen que ver con los varones, que también cumplen en el film un rol importante, aunque ninguno queda bien parado: el padre del niño muerto es un oportunista; hay una trama secundaria divertida, que funciona como anticlímax relajado, con otro vivillo torpe y tramposo. El único que recibe una mirada benévola es el novio de la madre robada, un inmigrante que es el único que quiere recuperar al niño, víctima también él de los abusos del poder. Toda la fuerza de la primera mitad de Betty Fisher empieza a diluirse con el agregado de demasiadas coincidencias forzadas y un final que no mantiene la tensión psicológica y dramática precedente.

El cine francés parece querer revisar los temas de la masculinidad. A juzgar por estos resultados, los hombres corren el riesgo de que suceda lo que en aquella otra película: ¿Dónde están las mujeres? Que ellas desaparezcan.

Josefina Sartora      


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