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CAPOTE

Estados Unidos-Canadá, 2005


Dirigida por Bennett Miller, con Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Clifton Collins Jr., Chris Cooper, Bruce Greenwood, Bob Balaban, Amy Ryan.



El nombre de Truman Capote estuvo siempre relacionado con el cine, y de diversas maneras: como escritor de guiones originales, elaboró para Vittorio De Sica el de Stazione Termini (o Indiscreción de una esposa) y para John Huston el de El golpe del diablo, y adaptó la novela Una vuelta de tuerca, de Henry James, que Jack Clayton filmó con el título de Los inocentes. Ya en el pico de la fama, adaptó sus propias obras: Desayuno en Tiffany’s y A sangre fría, y casi al final de su vida apareció en escena en Crimen por asesinato, componiendo una parodia de sí mismo. Podríamos decir que su persona estaba aguardando el presente film, que desde el título y en cada una de sus escenas lo tiene como protagonista.

Las efemérides pueden traer consecuencias interesantes, y cuando en 2004 se cumplieron los 80 años del nacimiento y 20 de la muerte de Truman, proliferaron reediciones de sus libros, ensayos sobre su vida y obra, y este film gestado por dos cineastas poco conocidos: el publicista Bennett Miller y el guionista Dan Futterman, cuya idea más genial fue convocar a un amigo de juventud, Philip Seymour Hoffman, y a Catherine Keener para consumar este proyecto, lo cual significó reunir a dos de los mejores actores actuales de los Estados Unidos.

Al final del film se presentan varios intertítulos, todos discutibles. Uno de ellos dice que Capote fue el escritor más famoso de Norteamérica, aseveración a la cual podría oponerse una lista de escritores tanto o más merecedores de tal epíteto.

Truman Streckfus Persons era originario del Sur profundo, y cambió su apellido cuando fue adoptado por su padrastro, de origen cubano. Desde los 21 años publicó cuentos y novelas que lo hicieron precozmente famoso, niño mimado de los círculos intelectuales y de la alta sociedad neoyorquina y amigo de personajes célebres, como Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe, y hasta de Jacqueline Kennedy cuando ella vivía en la Casa Blanca. También se había ganado el odio de otros como Marlon Brando, por los mordaces comentarios que le eran característicos. Reconocido homosexual antes del coming out de la comunidad gay, su pareja durante muchos años fue el escritor Jack Dunphy. El film se basa en la elogiosa biografía que escribió Gerald Clarke, libro obligado para quien desee conocer detalles de la vida y milagros de Truman. Sin embargo, el film no resulta un biopic clásico, sino que se circunscribe a la gestación y elaboración de su libro más célebre, “A sangre fría”, con el cual Capote manifestó haber creado la novela de no ficción, o “nuevo periodismo”, mezcla de literatura, reportaje e investigación. En ella vuelve sobre temas que ya había abordado en obras anteriores: la soledad, el peligro, la muerte de la inocencia.

En 1959, un sensible e inteligente Truman Capote lee en el diario la noticia que obsesionaría su vida durante seis años: el asesinato de toda una familia de ricos granjeros en las llanuras de Kansas (en una época en que la figura del asesino serial no era común). Truman decide hacer con eso un reportaje, y hacia allá se dirige con su amiga, la escritora Nelle Harper Lee, cuya novela Matar un ruiseñor habría de ganar un premio Pulitzer y sería llevada al cine por Robert Mulligan en 1963. El reportaje se transforma en una investigación que el film sigue paso a paso: Truman urde estrategias para ganarse la confianza de los investigadores y más tarde la de los asesinos, con uno de los cuales siente una poderosa identificación: ambos son personas sensibles y marginales y han sido niños abandonados, cuyas madres se suicidaron. Esta proyección lleva a Truman a colaborar con ellos, consiguiéndoles mejores abogados que logran prolongar el proceso, mientras él puede así entrevistarlos y reconstruir el crimen.

Probablemente Hoffman gane un merecido Oscar por su impresionante y antológica caracterización de Truman Capote. Su gestualidad amanerada, su imitación de una voz siempre infantil y sus mínimas expresiones faciales, que denotan esa mezcla de soberbia y vulnerabilidad que eran propias del escritor, conforman una performance que no se queda en lo externo, sino que consigue transmitir también una emocionalidad conflictuada.

El film muestra en qué medida Truman dedicó todos sus esfuerzos a esa obra, y en su última parte exhibe las consecuencias que el largo proceso judicial ejerció sobre él. Su conducta fue ambigua, dado que no podía dar por terminada su novela antes de que culminara la historia con la ejecución de los acusados. La tensión y ansiedad por la demora en terminar la que él consideraba su obra maestra le produjo fuertes contradicciones morales, además de desgaste físico. El film sugiere que fue entonces cuando comenzó el declinar de la estrella de Truman, y uno de esos carteles finales atribuye su muerte a su adicción al alcohol, detalle exacerbado en la última parte del film. Este aspecto es discutible. La publicación de “A sangre fría” en varias entregas en la revista The New Yorker y después en un libro le reportó varios millones de dólares y además acrecentó su popularidad. Si bien este proceso de escritura pudo culminar en una crisis depresiva y le produce un quiebre, una fisura, su declive sería paulatino en los años posteriores, en un proceso de autodestrucción que lo llevó a depender cada vez más de los psicofármacos que, combinados con el alcohol, deterioraron su salud y sus relaciones con todos sus amigos, además de Jack Dunphy y Harper Lee, hasta morir por sobredosis en 1984. Otro de los intertítulos finales dice que después de “A sangre fría” no terminó ningún otro libro. Sin embargo, publicó varios relatos breves, partes de un proyecto mayor llamado “Plegarias atendidas”, que constituyen en sí mismos obras acabadas, y en 1980 publicó un último libro de cuentos, “Música para camaleones”.

El desarrollo del film es muy contenido, y elude la tentación de caer en los excesos de la personalidad de Capote. Filmado con cámara fija, establece un juego de contrastes entre la América pueblerina de Kansas y la glamorosa de Nueva York, con una cuidada recreación de época y un uso del color y de la música que acentúan su carácter melancólico. Para la versión cinematográfica de “A sangre fría”, en 1967 Truman había elegido a Richard Brooks, quien realizó un film noir denso, oscuro y violento como los mismos asesinatos. Capote en cambio no pone el foco en las muertes –aunque unos flashbacks evocan aquel film– sino en la progresión de la carrera y el carácter de Truman. Como su propio libro, ésta es una película de no ficción.

Truman desplegó en esta experiencia su costado más oscuro. El lo sabía cuando decía “Soy un alcohólico. Un drogadicto. Un homosexual. Soy un genio... Pero no soy un santo.”

Josefina Sartora      


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