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AMBICIONES SECRETAS
(Confidence)

Estados Unidos, 2003


Dirigida por James Foley, con Ed Burns, Dustin Hoffman, Andy García, Rachel Weisz, Paul Giamatti, Donal Logue, Luis Guzmán, Brian Van Holt.



Si leyeron los nombres que figuran más arriba y se ilusionaron, creo que voy a romper el hechizo. Lo mejor que tiene la nueva película de James Foley (El corruptor, ¿Quién es esa chica?) es la banda de sonido: Groove Armada, Madonna, Aretha Franklin y Coldplay parecen ser el premio que recibimos por perseverar en la espera de que las cosas se pongan buenas en la pantalla. Y Coldplay llega recién con los créditos finales.

Confidence pone en cartel (con una estética muy videoclipera) otra historia sobre estafadores profesionales en la que nada es lo que parece y los ardides se suceden continuamente. Ahí tenemos la reciente Los Tramposos, de Ridley Scott. Y aunque pueda empezar a sonar a clisé, es inevitable nombrar a la muy superior Nueve reinas, del argentino Fabián Bielinsky, como un acto de justicia entre tanto más de lo mismo.

Igual, el problema más grave de Confidence no es la reiteración, o el formulismo, sino su asombrosa capacidad de irritar hasta lo indecible (en apenas 97 minutos de cinta) con recursos que al principio resultan atractivos, pero que después devienen provocativos. A saber: la idea de hilar toda la historia a partir de los flashbacks que surgen del relato que el protagonista (Edward Burns) formula mientras está de rodillas y con un arma apuntándole a la cabeza; el tono presumido de cada uno de los personajes, en una lucha constante por contar el chiste más gracioso; y, last but not least, la propia voz de Burns, insoportablemente monocorde, contándonos todo de principio a fin.

La trama narra la historia de Jake Vig, el cerebro de una banda de delincuentes que estafa a sus colegas con la ayuda de un par de policías corruptos de Los Angeles, ciudad en la que está ambientada el film. Joven, inteligente y atractivo, Vig no soporta ni las palomas ni las chicas pelirrojas: traen mala suerte. Ahí está Ed Burns (15 Minutos, Rescatando al Soldado Ryan) haciendo lo que puede con un papel que le sienta perfecto... y un guión aburrido.

El conflicto surge cuando, sin saberlo, Vig y sus compañeros se meten con un peso pesado de la mafia (Dustin Hoffman). En un pacto de caballeros, Vig se compromete a organizar otro golpe y así pagarle lo robado. Para planificar el nuevo engaño (y para que el romance aparezca en pantalla) suman a una ladrona de billeteras, Lily, a la banda. Por ahí también anda Gunther Butan (Andy García), un agente que se empeña en sorprender a Vig con las manos en la masa.

El personaje de Lily es interpretado por la hermosísima Rachel Weisz (Un gran chico, Enemigo al acecho). Párrafo aparte para ella. No sólo por su encanto, sino por el mérito de haber escondido su acento británico y lograr actuar con todas las de la ley. Lily hasta sufre por amor.

Además de Weisz, los mejores momentos se los llevan Dustin Hoffman y Andy García haciendo surgir, y crecer, a sus personajes en escena: las caricaturas del gángster y el agente federal que ya vimos tantas veces, pero inyectadas de humanidad y gracia. Por algún motivo, la ironía que el guión persigue constantemente... sólo florece en ellos. Lástima que aparezcan tan poco.

Analía Crivello      

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